Tu espalda ebanada, de tacto pulimentado
parece como tallada por los héroes helenísticos,
hecha en mármol lacado, protegido por La Gracia,
bronceado al Sol movido por los carros de Helios,
el cual solo frena para admirar tus aristas perfectas
talladas con oro en la dura y divina piedra
hasta formar el cuerpo que ni el de Vitruvio ni el de David
hacian envidiar, como hace envidiar el tuyo.
Tu cuerpo, mera cáscara de la verdadera divinidad,
mero encubrimiento de tu personalidad, de tu alma pura
inocente, que enamora tanto a mi
como a la gente
mero trozo de carne que protege lomas valioso para mi
aquello que llena mi mete
tu cuerpo, tu espalda.... tu mente
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