"Una anastomosis de la arteria aorta" contestó una voz mecanizada, seguida de las burlas del resto de sus compañeros; perdió la voz, hacía ya dos años de eso, Adrián era estudiante de medicina, por vocación, y era mudo. Había necesitado meses de terapia y mucha fuerza de voluntad para salir del pozo en el que se sumergió para conseguir si quiere sacar la cabeza a la superficie e intentar seguir con su vida. Gracias a las tecnologías podía comunicarse casi con total facilidad con el resto de la gente, conocía 4 idiomas, y el lenguaje de los signos, pero no tenía con quien hablar, no al menos en su clase.
-Adrián, ¿puedes venir un momento?- Le pregunto suavemente su profesor de fisionomía al acabar la clase.-
-¿Te importaría no volver a intervenir en mi clase? En cada momento que lo haces necesito 10 minutos para acallar al resto de la clase, y no puedo permitirme esta pérdida de tiempo a estas alturas del curso.-
Adrián se quedó perplejo, ese día exacto hacía dos años del accidente, era un mal día un día en el que Adrián solo quería desaparecer, esconderse bajo una piedra y que nadie ni nada notase su presencia; de modo que bajó la cabeza y se fue lentamente de clase. Estaba furioso, con su profesor, con su universidad con sigo mismo con todo el mundo...en los pasillos la costumbre era escuchar a los robots de la guerra de las galaxias, a su paso diversas onomatopeyas robóticas salían de los móviles de sus compañeros y de sus bocas. De pronto alguien le tocó el hombro; hacía tiempo que la costumbre de pegar al mudo había desaparecido, pero Adrián no iba a consentir que comenzaran de nuevo... su cara era un semblante de ira. Giró su cuerpo con toda sus fuerzas y su puño fue a parar contra la cara del joven. Tendría unos 18 años, de primero de carrera, recién entrado, carne fresca en el nido de cuervos.
Tenía los ojos marrones con una veta verdosa, muy característicos, su piel era morena, tostada al sol del mediterráneo, llevaba ropas holgadas y el pelo desaliñado; se recuperó del golpe poniendo entre su agresor y él una cartera, llevaba un pez de madera colgando....era la de Adrián.
El traductor no necesitó decir nada, la cara de Adrián lo decía todo, estaba muy arrepentido, lo sentía profundamente, su cara ahora con los ojos llenos de lagrimas a punto de derramarse, fue suficiente.
-Tranquilo, no pasa nada-dijo mientras recogía el resto de sus gafas del suelo- menos mal que tengo seguro, jeje- Esbozó una levé sonrisa, aunque el golpe le había hinchado la mitad de la nariz y le había amoratado un ojo- yo soy Rob, estoy en primero de fisio, y esta es tu cartera , es todo lo que tengo para ti, hasta luego!-
Rob se alejó a grandes zancadas, hacia las escaleras de su facultad, mientras dejaba a Adrián con una palabra en sus labios.
-Gracias- Susurró, fue todo lo que salió de esos labios muertos y fríos en 2 años de penurias, y le había sabido a gloria, lo que Adrián no sabía es cuánto le tendría que agradecer a Rob en un futuro...no muy lejano...