Fue el grito más horrible que ninguno de los allí presentes había jamás escuchado, un grito desgarrador que hizo temblar las cuatro paredes que contuvieron semejante catástrofe, con la Cultura, la Educación y las Siete chimeneas como testigos, Rey cayó en silencio sepulcral. Homosexuales, heterosexuales, hombres, mujeres, civiles, policías, todos fueron congelados en el momento en el que aquella vociferación, repleta de amargura, odio y rabia salió de su garganta, rompiéndole, destrozándole, cambiando la vida de todos los presentes. Pues la muerte de Alan no quedaría impávida.
De rodillas, en la conocida Plaza del Rey, uno de los lugares más transitados por los/las jóvenes homosexuales que buscan asiento y resguardo para beber en tranquilidad en la tediosa Madrid, ante una gran multitud se tendía Adrián, un joven muchacho de apenas 20 años, cuya vida cambiaría esa noche; la rutina de siempre, juntarse para charlar, beber, escuchar música relajadamente, enseñar los primeros pasos de baile y criticar mordazmente a cada individuo de los que se cernían a su alrededor, nuestro sujeto, Adrián, se encontraba con su novio, Alan, 3 años de noviazgo, que no durarían mucho más... La noche transcurría sin incidentes, sus amigos, las chicas y los chicos, música pop del momento, cada uno con sus mejores galas para posibilitar la entrada a los más selectos antros. Se acercaba la 1 de la mañana, era momento de moverse, el grupo aprovecharía el siguiente intento de redada para , en el proceso de huida, dirigirse al metro más cercano y decidir entonces su destino...Alan no se imaginaba que jamás llegaría a este destino.
Unos gritos desconcertaron a la mitad de la muchedumbre que se alborotaba en la plaza, era normal oír el grito de mujer de algún chico cuyo tacón se había introducido en la rendija de la ventilación del apartamento, pero un grito de "Corred! Corred!" alarmó a la gente, que despavorida huyó hacia donde pudo, pero una inoportuna horda de motos policiales y policías con porras propició el fatal desarrollo.
Para aquellos que no conozcan la plaza, esta tiene cuatro salidas, dos al sur, imposibilitadas por los policías, que siempre están dispuestos a multarte, y otras dos al norte, una sin escapatoria y la otra, que dirigía a la emblemática plaza del barrio gay de Chueca, Vazquez de Mella, la cual usaron Adrián, Alan y sus amigos para tratar de huir. Corrieron, de la mano, tras agarrar rápidamente su bebida, no querrían por nada del mundo separarse, y menos en los momentos más peliagudos, pero una inesperada ola de jóvenes botella en mano se dirigieron hacia el sur, rompiendo el lazo de unión de nuestros protagonistas; esto era de extrañar, pues se acercaban directamente a las fauces de las autoridades, los cuales en este caso, no inspiran sino pavor. Adrián, con la miada perdida, encontró a Alan varios metros más al norte, exactamente en el momento, en el que observaba como un chico, de unos 30 años rasgaba con violencia su garganta, provocando una explosión de sangre, que se transformó en muerte para todos los presentes... Aquellos que gritaron "Corred! Corred!", lo hicieron en reacción a un grupo de neonazis armados con cuchillos, palos y de otras armas blancas.
Los pensamientos de Adrián quedaron congelados, en un solo instante lo pensó todo, y no pensó nada, pero reaccionando instintivamente corrió hacia su amado Alan, que yacía muerto en el suelo, rodeado de un charco de sangre.... Ya no había gente corriendo, no había neonazis, gays y policías, en el momento en el que el profundo gutural que surgió de la garganta de Adrián, en la plaza solo quedaba el cuerpo de Alan y el cuerpo, apenas viviente de Adrián, pues para él, el mundo ya había desaparecido, lo que se había convertido en su mundo, se hizo añicos, en ese momento, si se hubiera planteado el buscar algo por lo que seguir viviendo, no lo habría encontrado...
En la noche entre el 10 y el 11 de junio de 2007 la vida de Alan y la voz de Adrián se apagaron , para siempre, sus vidas dejaron de existir en el universo de las personas normales, pues Adrián jamás podría volver a ser el mismo, jamás podría volver a sonreír, no al menos como sonreía de pura felicidad, al ver los ojos de Alan... el que fue su hermano, su padre, su marido, su amigo, su novio, su amante, su vida, su amor, su perdición, su profesor, su protector, su guía, su todo....ahora convertido en nada...